Reseñas
En esta sección recorremos las calles de Buenos Aires, y por qué no de otras provincias o países, en busca de espacios que nos resulten interesante para vivenciar, experimentar y luego compartir. Porque lo bueno se comparte.
Archivo- El Ritual #1
En esta primera edición de Reliquia, "El Ritual" Issue #1, vas a poder degustar sabores de Japón, distintos, exóticos y a otro ritmo. Conectar con el IKIGAI, con otros procesos y tiempos de producción. Con el tiempo de la producción y distribución del Arte. No siempre más instantáneo significa mejor. Toda la profundidad de la filosofía oriental en esta primera edición.
#1 El ritual - Reseña Espacio Miller
Cuando la moda sabe a nostalgia
“Home is where I want to be. But I guess I'm already there. I come home, she lifted up her wings. I guess that this must be the place.”
“This must be the place”, reza Talking Heads en su canción de 1983. El tema habla de una búsqueda emocional que concluye una vez que alguien encuentra su refugio, que podría ser una persona, un lugar, un hogar. Cuando entramos a Espacio Miller, nos dimos cuenta de que quizás ese sería el nuestro.
Llegamos al barrio Saavedra una tarde de julio en la que era imprescindible cobijarse del frío. Nos recibió una estructura de hormigón en la calle Miller 4450. Un enorme portón hecho con recortes de chapa oxidada nos invitaba a atravesar el muro para descubrir, como si se tratara de un portal, un viaje a través del tiempo.
Espacio Miller funciona como un laberinto organizado de 5 pisos y terraza, por los que uno puede circular mediante escaleras o ascensor. Nada está librado al azar. La decoración es una mezcla entre Mid Century, fábrica industrial y muebles vintage con aires rockeros. Apenas ingresás sentís la fusión entre el cuero y la madera, entre los rincones hogareños y la frialdad de una estructura que se convierte en calor gracias a la curaduría de los objetos. En Espacio Miller te sumergís en un recorrido hacia la nostalgia.
Cuando empezamos a subir por las escaleras nos topamos con L.A. Woman Vintage, un atelier de indumentaria creado hace 15 años por Juliana Cova. Envuelta en prendas de telas nobles y calzada por Gucci, nos contó que viaja por el mundo encontrando piezas únicas y lo que la distingue es que todo aquello que ofrece es una joya única. Tanto su madre, que la ayuda con la atención a los clientes, como sus hijos y su marido son parte del proyecto desde su concepción. Entrar en L.A. es como entrar al camarín de una diva de los años 20 que se mixea con botas texanas más trasheadas. Es la combinación perfecta entre las perlas, los géneros delicados, las lentejuelas y el cuero gastado. Una princesa vestida de seda y flecos charleston que baila con sus gafas grandes y su chaqueta al ritmo de los Rolling Stones (y The Doors, por supuesto).
De tanto viajar, recolectar reliquias y aprender a curar, sus hijos mamaron el oficio, como si lo vintage formara parte de su ADN. Tal es así que decidieron crear Tráfico SRL, una tienda de ropa circular que se encuentra en el tercer piso. Tráfico es rebeldía al estilo Woodstock, es amistad, es una juventud que nació después de los 2000 pero elige escribir a mano, sacar fotos con máquinas analógicas y escuchar vinilos. Entre el Bluetooth y el WiFi, ellos palpan el tocadiscos porque entienden que la moda un poco sabe a nostalgia y que, como el cubo Rubik, la diversión se encuentra en el mix.
Dicen que la cereza está arriba del postre y eso es lo que encontramos en el quinto piso. Una vez que nos empilchamos con los hallazgos vintage, subimos a Café Miller, el espacio gastronómico de Renata Riva, la hija de Juliana. Advertimos que hay que armarse un poco de paciencia porque suele estar repleto -lo que es buen indicio- y se arma espera, pero vale la pena. El café está atendido por familiares y amigos de la casa, que visten a tono con el lugar y elaboran comida en una cocina abierta. La vajilla es simplemente hermosa, delicada, dispar, como la que alguna vez usamos en los hogares de nuestras abuelas. Los platos son rústicos, bien caseros y abundantes. La materia prima es fresca y los mozos atienden con amabilidad. Sentimos la calidez en una experiencia que fue enriquecedora de principio a fin.
Recomendamos el sándwich de pollo que viene con un pesto bárbaro, el de milanesa, que es tan alto que casi no entra en la boca, y la torta de vainilla con crema. Mención aparte a la limonada, hecha a puro limón, bien ácida. Destacamos que a cada mesa los chicos llevan botellas con agua sin cargo. Lo único que no se produce en el lugar son los panificados, que se elaboran en la reconocida panadería sanisidrense La Valiente.
En Espacio Miller todo funciona en comunidad. Se manifiesta una visión ecológica, la idea del consumo responsable desde un lugar ético, trascender en el tiempo para recuperar sentido, expresarse a través de la cultura del rock en un espacio de transformación que tiene como horizonte la sostenibilidad. Es, sin dudas, un viaje espiritual donde nutrís el alma mientras escuchás buena música.
Si querés comer un sándwich abundante y casero, este es el lugar.
Si tenés ganas de deleitarte con algo dulce, este es el lugar.
Si anhelás vestirte con telas originales y diseños atemporales, este es el lugar.
Si apreciás la calidad, este es el lugar.
Si te invade la nostalgia, este es el lugar.
Lo buscamos y lo encontramos. Espacio Miller must be the place.
Nota al pie: Todo lo que leés en Reliquia Mag está escrito a mano de principio a fin, sin uso de IA.
La Arquitectura e interiorismo de Miller
Al llegar te sorprende una puerta galponera de “patchwork” de diferentes metales oxidados, que anticipa un lugar marcado por el paso del tiempo. Al entrar y subir poco a poco, aparecen las luces cálidas y el mobiliario único, una mezcla de espacios y tiempos, tan agradable que a uno le dan ganas de quedarse largo rato.
El edificio está estructurado en varias plantas con un ascensor moderno como columna vertebral. Abunda el ladrillo, el metal y el hormigón, que contrasta perfectamente con lo “soft” de las prendas vintage, lentejuelas, encaje, cuero y tejidos nobles. Hay un contraste total entre lo moderno y lo antiguo que funciona muy bien en un mundo que requiere una revalorización de los materiales de calidad, una resignificación del espacio y por qué no también del ser.
Parecería ser una fábrica refaccionada por el más afilado de los ojos. El alma del lugar no son solamente las prendas y los mozos “cool”, sino también su distribución, sus muebles de autor y la infinidad de detalles por los que se pierde el ojo. Para cualquier entusiasta del diseño y la arquitectura, es un lugar para conocer. El edificio cuenta con ventanas amplias e incidencia perfecta de la luz natural, perfeccionada por la calidez de las lámparas antiguas y la atención de sus dueños. Lo más copado es el toque rockero, trash, de personalidad, que no abunda hoy en un mundo tan clean, te vas con ganas de crear, de habitar tu espacio y de explorar tu personalidad. Y sí, todo eso lo puede generar la arquitectura.
