Opinión
Sección Nota del Editor en la que solemos dar una instroducción sobre el ISSUE o invitar a algún escritor amigo a que brinde su opinión y punto de vista sobre una temática particular que acompañe la edición.
Opinión- La Fragilidad #2
En esta segunda edición decidimos tomar la sección de Notas de Esctritores y Crítica, al ser esta una edición tan sensible, las autoras de Reliquia se expresan sobre su vínculo con La Fragilidad.
#2 La Fragilidad - Nota Editorial. Jacinta Mayol
Te invitamos a sentirte vulnerable.
“Mirar los verdaderos problemas a la cara, entender que mi cabeza, mis emociones y mi cuerpo tienen el poder de transformar la realidad en algo bello.” -Jacinta.Qué difícil mostrarnos y sentirnos vulnerables.
Qué difícil aceptar nuestras propias oscuridades, y qué fácil es señalar culpas afuera o hundirnos en la propia culpa.
En mi opinión, la aceptación es el mejor camino, el humor muchas veces es el mejor remedio para salir de algo pesado, la plena aceptación (Radical Optimism) para poder transformar el dolor en algo todavía mejor a lo que lo causó. Para mí se trata de poder transitar, de encontrar cierto sentido y disfrute en una situación aparentemente negativa, lo malo también puede convertirse en motor, sin estancarse en lo negativo obviamente.
Esta es una reversión de una ilustración realizada en 2016 para la facultad. Sufrí Anorexia Nerviosa durante toda mi adolescencia y parte de mi etapa de Adulta Joven. Es una enfermedad que anestesia, que te aísla del mundo y de tus afectos, y que contrario a lo que muchos piensan, es mucho más mental que física. Surge de una necesidad de control ante el descontrol de la propia vida, de situaciones de violencia que son insoportables sin este efecto anestésico. Lo más difícil es llegar a un peso saludable, sanar la relación con la comida, y darse cuenta de los verdaderos problemas que hay detrás y que uno estuvo esquivando tantos años.
La obra, un autorretrato, con una cobra en lugar de intestinos ilustra este instante, en el que uno se da cuenta que se está provocando un mal intencional, hacia la propia existencia. Entender que es necesario desenredar todo ese caos mental para poder ordenar los conflictos y librarnos de culpas que no nos pertenecen y que terminan carcomiéndonos por dentro, la cabeza, las emociones, el cuerpo…
Después de años de mucha ayuda pude mirar los verdaderos problemas a la cara, entender que mi cabeza, mis emociones y mi cuerpo tienen el poder de transformar la realidad en algo bello, con lo bueno y lo malo, pero trazando límites a la violencia, el maltrato, emociones y situaciones que no contribuyen a ese espiral hacia arriba que es la vida, con su ying y yang en perfecto balance. La vulnerabilidad, el vacío, el ocio, son oportunidades de crecimiento y no podemos permitir que nada ni nadie nos aparte de nuestro camino de vida, el que decidamos elegir.
El primer paso está en la cabeza, en saber elegir, rodearnos bien y proteger nuestro interior, para que no se intoxique con cosas que no nos pertenecen. Dejar de vivir con algo que internamente es ajeno a nosotros que interfiere con nuestra profunda armonía, dejarlo salir, trabajarlo y finalmente erradicarlo. Creí que toda la vida iba a vivir con esto, que erradicarlo era imposible al tratarse de algo tan interno, y gracias a la confianza que muchas personas y profesionales depositaron en mí, finalmente lo logré y me pude auto descubrir, en lo malo y fundamentalmente en todo lo bueno que tengo.
#2 La Fragilidad - Nota Editorial. Emilia Vignau
Frágil como un cangrejo
“Pero, si preguntas a los demás, te dirán que soy una persona que se queda. Una persona que no sabe irse. Una persona que no deja que los demás se vayan.” -Pol Guasch, Reliquia“En medio del invierno, descubrí que dentro de mí había un verano invencible.” -Albert Camus
Nota de responsabilidad editorial: Este relato parte de la experiencia de una persona, con sus propias cualidades y herramientas. Si estás pasando por una situación difícil y sentís que necesitás ayuda, por favor consultá con un profesional.
Katabasis*
Tenés que pujar porque así naciste. Nadando entre agua y sangre.Hola, me llamo Emilia, nací un 7 de julio y soy de Cáncer, el signo del cangrejo. Durante dos años anduve de viaje por el inframundo. Todavía construyo la balsa que me lleva de regreso a casa.
Es complejo encontrar el punto exacto donde se rompió mi cascarón, porque fue una sucesión de hechos encadenados lo que originó el desarme. Estaba por llegar a los 30 cuando me tocó despedirme del último vestigio que me quedaba de la niñez: ser nieta.
El diagnóstico fue una metástasis que los médicos, dado el grado de avance, consideraron inoperable. Para ellos significaba una limitación en un tratamiento que iba a derivar en un final anunciado. Para mí, en cambio, significaba perder a mi abuela. La última que me quedaba. La escritora.
Lala no se quería ir. Y yo no quería despedirme. El día que me avisaron que se había muerto, me quedé en la cama leyendo un libro de Mario Benedetti y apenas pude soltar un par de lágrimas. Era un 12 de julio, el día del cumpleaños de mi hermana. El cangrejo hacía estragos otra vez. Mi agonía duró más de un año, hasta que empecé a llorar. No hay manera de suavizar esto.
Pérdida.
Impotencia.
Desmembrada, inerte.
El silencio más ruidoso que escuché en mi vida.
Sin buscarlo ni esperarlo, me enamoré. Era lo que siempre había querido y me encontraba de sorpresa mientras intentaba dejar descansar a una de las personas que me habían acompañado desde que nací.
Alguien me invitó a construir juntos una casa y fuimos felices hasta que se dio cuenta de que no tenía material suficiente para terminarla. La vida no es un cuento de hadas y las relaciones mucho menos. Entonces la prendió fuego conmigo adentro y salió corriendo. Sentí el olor a quemado, sentí las llamas que ardían y cómo todo de repente abandonaba el verde y el amarillo que alguna vez habían brillado para volverse negros. Me quedé, creí que era un ave que resurgiría de las cenizas. Quise apagar el incendio con el agua que llevo dentro, pero la escena comenzó a nublarse cada vez más. Me terminé ahogando con mis propios intentos.
Yo creía que el amor, además de dar mimos, era poner el hombro y saber cuidar la vulnerabilidad del otro.
Otra vez pérdida.
Desilución. Impotencia.
Rumiación.
Inexperta, caprichosa, inmadura, incapaz, descartable, torpe.
Me aferré otra vez al dolor porque era lo único que me quedaba. Otra vez, si expandía la agonía, podría lograr que la despedida llegara más tarde. Me enfrenté a la culpa, ajena y propia, a todo lo que hice mal, lo que no hice, lo que dije, lo que no dije. Empecé una lucha entre desear una lobotomía y al mismo tiempo no querer olvidar. “Por favor, dejame quedarme con este recuerdo, sólo con este”, diría el protagonista de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos.
A pesar de todo también era mi amigo y todavía lo extraño.
Nuevamente la pérdida. Si manejar la economía de un país es un desquicie, comunicarla es labor de chiflados. Una serie de eventos desafortunados de los que se hicieron eco todos los diarios. Mi trabajo en la cuerda floja. Todo, en política, puede ser carne de cañón. Si los escándalos te tocan de costado, no te muevas. Pero no era sólo oficiar de vocera. Era ver caer a personas a las que les tenía aprecio. Esa maldita costumbre canceriana de poner siempre delante el corazón.
“Un niño que pierde a sus padres es llamado huérfano; una esposa a veces se convierte en viuda; un marido, en viudo. Pero no hay palabras para los que han perdido a sus hermanos, o a sus mejores amigos o a sus hijos. Algunas pérdidas se nombran con facilidad, otras permanecen sin categorizar, no categorizables” (fragmento de En la naturaleza las cosas crecen, de Yiyun Li).
¿Qué pasa cuando la vida te deja sin una protección antes de que hayas terminado de procesar la pérdida anterior?
Tres batallas consecutivas y la capa se me cayó. Me sentía débil. Necesitaba apagarme. Hacerme un bollito y guardarme entre las sábanas. Volver al vientre materno.
Anábasis**
Hace poco leí que los escritores son niños con infancias difíciles y la generalización me incomodó. Tengo el privilegio de contar que mi infancia fue muy feliz. Me cuidaron como quien protege a un cristal, envuelta entre algodones. Me dieron todo el amor y los juguetes que quise. Y sin embargo…
Siento admiración por gente cercana que vivió situaciones muy complejas. Siempre parece que el otro sufre más que uno y así es como vamos silenciando nuestro propio sufrimiento. Porque genera culpa. Entonces uno simula que todo está bien. De a poco fui entendiendo que soy tan frágil como ese animal que me rige desde que nací.
Los cangrejos no siempre tienen el mismo caparazón. Como su esqueleto es rígido, necesitan cambiarlo para expandir su tamaño. Ese proceso se llama muda o ecdisis y puede darse entre 20 y 40 veces a lo largo de su vida. Como el nuevo caparazón es blando, el animal atraviesa un período de vulnerabilidad hasta que se endurece por completo. Otro dato asombroso es que son seres que pueden mutilarse las pinzas mediante un proceso llamado autotomía para escapar de un depredador cuando la extremidad está atrapada, dañada o infectada. Durante la muda, las partes rotas de su cuerpo se vuelven a regenerar.
Para recuperar mi fuerza, primero tengo que reconocer mis partes blandas y aprender a convivir con ellas. Aceptar mis derrotas.
Antes de saber esto, acudí a mi propio desmembramiento. Las crisis de llanto fueron acompañadas por dolores de cabeza e hipersomnia. Se me empezaron a caer los pantalones. Cada vez que alguien me decía que me veía más flaca, me hacía notar que la tristeza me estaba corroyendo. Mi cuerpo me hacía ver una realidad que conocía pero evitaba comunicar: no estaba bien.
Lo que yo sentía no era sólo angustia. Era un letargo que se había apoderado de mí. Cada actividad diaria, por mínima que pareciera, implicaba un esfuerzo similar a escalar una montaña. Lo que estaba viviendo era una reacción de protección mental ante un dolor que necesitaba sacar, pero que al mismo tiempo no lograba terminar de asimilar. La noche que más miedo sentí, estaba sola en la cama y me di cuenta de que no podía mover los brazos ni las piernas. Mis extremidades estaban completamente paralizadas. Me asusté porque vi de cerca la posibilidad de mi propia muerte. Después supe que había sufrido un pico de estrés. Supe, también, la raíz de mi miedo: yo siempre quise seguir viviendo.
Pero para vivir iba a tener que moverme.
Cuando todo se desmoronaba, colegas muy queridos me fueron a buscar y me invitaron a formar parte de dos equipos. Mientras yo buscaba mi propia voz, empecé a ayudar a otros a encontrar la suya. Les enseñé a expresarse, a comunicar sus ideas de manera eficiente. Yo, que me sentía tan chica, de repente les estaba diciendo a personas que trabajaban para el país cómo tenían que hablar y ganar confianza. Yo, que había perdido la fe en mí, de repente volvía a sentirme útil.
Los dones emergen incluso cuando uno todavía no es capaz de verlos.
Navegar tan profundo confunde porque el agua en lo más hondo se vuelve turbia. La presión se condensa y el oxígeno escasea. Aparecen la ceguera, la sordera y los dementores. Dicen que cuando el mar está revuelto, no hay que nadar en contra. Por mucho que uno luche, hay momentos en los que es necesario dejarse caer al vacío.
Pero el océano también contiene otras especies, animales y vegetación que funcionan como una red de contención. Y aunque la caída parezca no tener límites hasta llegar al fondo, en ese fondo la red que se había ido tejiendo a los costados, abajo, arriba, en algún lado, empieza a titilar y a regalar instantes de lucidez. Recuerda que el proceso es individual, pero eso no significa solitario. Se extiende, cobija y se convierte en un resorte. Esa red en mi caso tiene nombres y apellidos. Ellos saben quiénes son.
Y como mantra, me recuerdo que después de la caída, aunque estés tiesa, también podés confiar y cerrar los ojos para impulsarte con fuerza. Porque adentro algo late y te pide un poco más. Tenés que pujar porque así naciste. Nadando entre agua y sangre. Y va a doler, te vas a resistir, vas a llorar y quizás hasta grites aunque sientas que no sale ninguna voz. Pero te esperan unas manos afuera. Entonces sale una bocanada de aire y empezás a ver borroso, un poco por la anestesia y otro poco por el desconcierto. Fue una batalla durísima pero acá estás. Saliste al mundo, volviste al mundo. Porque sos una persona que se queda
Anástasis***
En terapia aprendí que las emociones, como las olas del mar, van y vienen. Entonces me paro frente al océano y dejo que me atraviesen. Algunas son enormes, me llevan puesta y me dejan agotada. El proceso es jodido pero tengo una promesa conmigo misma. Voy a surfear todas las que vengan así tenga que caerme 500 veces.
No soy sólo aquello que me tocó combatir y que cada tanto aún me visita. No soy el dolor que me desgarra. No soy un duelo eterno. No soy lo que se fue. No soy las palabras feas que alguna vez me dije o que escuché. No soy el letargo que invadió mi cuerpo.
Soy esos destellos de luz que penetran con fuerza para tejer un esqueleto que me proteja. Soy la certeza de que, por trillado que suene, el sol siempre pero siempre vuelve a salir. Soy producto del amor y de un milagro que me convirtió en vida. Soy aquello que honro. Soy fruto de mi propia esperanza, mi creadora.
Todavía me acerco a la alegría como quien se mete en puntitas de pie a una pileta. Voy midiendo la temperatura, busco la calidez. Sé que aprendí a nadar en lo profundo, aunque me siguen amenazando los fantasmas que acechan en las zonas de riesgo. Ya manejo algunos trucos para combatirlos, la oscuridad dejó de ser desconocida. Es, paradójicamente, la felicidad a lo que me cuesta entregarme otra vez, inocente, creyente. Bajar la guardia. Ojalá los duelos fueran tan lineales como para dividirlos con subtítulos como en este texto. Considero a la vida como un ciclo constante donde pasado, presente y futuro se entrecruzan. No voy a asistir a mis clases de amnesia, todo mi olvido está lleno de memoria. Gracias, Benedetti.
A diferencia de los cangrejos, que tienen que pasar por un proceso de muda a la fuerza, yo decidí no desprenderme de mi caparazón. Abrazo el viejo, mi escudo golpeado, lleno de grietas. Voy a cuidarme a través de las cicatrices que dejan expuestos los fragmentos blandos. Ahora sirve como un recordatorio de que es en la fragilidad donde habita mi fuerza. Puedo mutar, desarmarme y volver a construirme. Soy capaz de regenerarme. Mis tenazas están mejor entrenadas para caminar con sabiduría. Aprendí a ver a través de la niebla, a mirar de frente a los dementores. Voy a llevar siempre mi historia a cuestas. Puedo convertir el dolor en arte porque eso es lo que soy. Ya lo dije, una persona que se queda.
Palingenesia****
Me caí porque creía que se me había roto el corazón, pero terminé descubriendo que nada ni nadie tiene tanto poder. Mi pequeño motor rojo es tenaz. Cuando era chiquita un médico le explicó a mamá que me habían detectado un soplo (una de mis válvulas no cierra bien y dificulta el paso de la sangre, lo que implica un esfuerzo extra). El pobre músculo resistió mis peores emociones. Y ahí sigue, irrigando, bombeando, latiendo a paso firme. Aguanta turbulencias, se contrae, se expande, es fiel: me mantiene viva.
Por contradictorio que suene, pienso que no todo lo que nos pasa tiene que ser un aprendizaje. A veces, algo terrible sucede y necesitamos tiempo, ayuda y condiciones para procesarlo. A veces nos pasan cosas que son una mierda y punto. Pero después de revolcarnos en la mierda, podemos sacudirnos y salir de ahí. Sé que voy a vivir otros desafíos y despedidas, incluso peores. Sé que es parte del camino. Escribir esto fue un trabajo psicológico muy complejo. Decidir compartirlo, no tanto. Siempre hay un otro y mi vocación es más grande que la vergüenza por exponerme o el tabú de tocar ciertos temas. Una vez leí que “escribimos para decir que hemos escrito, no por el deseo de escritura: queremos demostrarle al mundo que pudimos sobrevivir”.
Escribo porque es lo que sé hacer y también porque necesito sentirme valiente. Esto es lo que soy. Una persona que brilla dentro de su propia oscuridad. Y cuando el camino se vuelva sinuoso, aunque todavía posponga alarmas y la melancolía me hunda por momentos, puedo seguir. Cada vez que salgo de la cama le digo que sí a la vida. Hacé conmigo lo que quieras porque igual me voy a levantar. Me río, me ilusiono, tengo nuevos proyectos, abrazo fuerte a quienes quiero. Y cuando lleguen dolores, voy a exprimir mis lágrimas hasta que se conviertan en limonada.
"Bueno es descubrir que una es como un pozo sin fondo, pero con escaleritas." Cristina Quiroga, mi abuela.
Glosario
*Katabasis (κατάβασις)
Es un término que proviene del griego antiguo y significa “descenso, caída”. Se forma a partir de katá, que expresa movimiento hacia abajo, y baínein, “caminar o ir”. En la mitología fue reflejado a través de las historias de personajes como Odiseo, Orfeo y Eneas. Descender para consultar a los muertos, descender por amor, descender para comprender. La caída no garantiza recuperar aquello que se perdió ni volver transformado. Regresar no siempre es salir victorioso u obtener respuestas. Katabasis es un territorio desconocido que abre preguntas y genera incomodidad.
**Anábasis (Ανάβασις)
Proviene del griego antiguo y significa “ascenso o subida”. Se forma a partir de aná, que expresa movimiento hacia arriba, y baínein, que es “ir o caminar”. En la tradición, el término es conocido por la Anábasis de Jenofonte. Habla de una expedición hacia el interior del territorio persa, la retirada de los mercenarios hacia el mar y su lucha por sobrevivir y regresar.
***Anástasis (ἀνάστασις)
Es una palabra griega que se forma a partir de aná “arriba, o de nuevo” y stásis, que se relaciona con estar de pie o mantenerse erguido. En la teología cristiana, aparece en el Nuevo Testamento para describir la resurrección de Cristo y la futura resurrección de los creyentes. Es el acto de levantarse o resurgir, recuperar la capacidad de estar en el mundo.
****Palingenesia (παλιγγενεσία)
Proviene del griego y se compone de palin “de nuevo” y génesis “origen, nacimiento, proceso de llegar a ser”. Significa renacimiento, regeneración o nuevo nacimiento. Para los filósofos estoicos, se relaciona con la idea de un mundo que vuelve a constituirse. En otras tradiciones religiosas, se vincula con la continuidad de la vida más allá de la existencia individual.
Todo lo que leés en Reliquia Mag está escrito a mano de principio a fin, sin uso de IA.
Opinión- El Ritual #1
En esta primera edición de Reliquia, "El Ritual" Issue #1, vas a poder degustar sabores de Japón, distintos, exóticos y a otro ritmo. Conectar con el IKIGAI, con otros procesos y tiempos de producción. Con el tiempo de la producción y distribución del Arte. No siempre más instantáneo significa mejor. Toda la profundidad de la filosofía oriental en esta primera edición.
#1 El ritual - Nota Editorial
Te invitamos a ser parte de un ritual
“Instrucciones para vivir una vida: Prestá atención. Asombrate. Contalo.” -Mary Oliver.
“La lectura requiere sentarse a solas en una habitación en silencio. Y tengo amigos inteligentes a los que no les gusta leer, no sólo porque se aburren. Hay casi un pavor que surge, creo, sobre tener que estar solo, callado y en silencio. Y ves eso cuando entrás en la mayoría de los espacios públicos, ya no es tranquilo, te ponen música. Parece significativo que no se quiera que las cosas estén en silencio nunca más. Está esta otra parte de vos que es la misma parte que tiene hambre de silencio, y tranquilidad, y pensar mucho en lo mismo durante media hora en lugar de 30 segundos. Y se hace sentir en el cuerpo, en una especie de terror. Creo que cada año la cultura se vuelve más hostil. Y no me refiero a hostil como enojo. Sólo que cada vez es más difícil pedirle a la gente que lea, o mire una obra de arte durante una hora, o que escuche una pieza musical que es complicada y hay que trabajar para entenderla. Pero sobre todo ahora, en la cultura de la información y del internet, todo es tan rápido, y cuando más rápido van las cosas, más alimentamos esa parte de nosotros mismos, pero no alimentamos la parte de nosotros mismos a la que le gusta el silencio, que puede vivir del silencio sin ningún tipo de estimulación.”
En la facultad de Periodismo es repetido el dicho de que, para aprender a escribir, antes hay que ser un buen lector. Elegimos empezar nuestra primera editorial tomando prestadas las palabras de David Foster Wallace, quien hace más de 20 años se anticipó a poner en cuestión la catarata de estímulos que atraviesan nuestros cuerpos en la sociedad contemporánea.
Cuando empezamos a gestar Reliquia mag, teníamos una certeza: crear un cofre que contuviera algo que consideráramos sagrado. Nos comprometimos con la idea de pensar un producto que fuera en contra del scrolleo infinito que se genera en este océano llamado Internet. Frenar un poco el ruido que nos grita desde el pequeño dispositivo que se ata invisiblemente a nuestras manos desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir. Porque aprendimos que una vez que la mente se calma, aparece la sabiduría.
Reafirmamos como oración sagrada lo que expresamos en nuestro manifiesto. No vamos a vender contenido de tirada rápida, no corremos detrás de primicias ni de lo que marca agenda arbitrariamente. Proponemos que nos lean despacio, como quien saborea un plato que se coció a fuego lento. Pocos artículos pero profundos, para masticar, exprimir y atesorar.
Te invitamos a ser parte de un ritual que conecte la pantalla con la transmutación física. Para descansar la vista, agudizar los oídos y palpar mentalmente cada página.
En esta primera edición de Reliquia, charlamos con la directora de cine Elina Firpo para conocer su proceso creativo, viajamos mentalmente a Japón con el fin de saber más sobre el matcha, paseamos por la emblemática Calle Arroyo y nos sumergimos entre hallazgos vintage en Espacio Miller, un café multidisciplinario de Saavedra. Relatamos experiencias que nos hicieron frenar un rato la vorágine diaria. Creamos nuestras propias páginas amarillas, una guía curada de lugares para visitar. Si bien encontrar el silencio absoluto puede parecer una utopía, creemos que la estimulación que consumimos debería ser parte de un proceso consciente. Elegimos cómo nutrir nuestro cuerpo y nuestra mente. Reafirmamos la lentitud como parte de un ritual que emerge desde lo más profundo del interior. Tenemos un compromiso con aquello que irá a nuestros relicarios cuando llegue el día de trascender. No queremos dejar cualquier cosa. Queremos dejar huellas tangibles, esa es nuestra herencia. Puede que la nostalgia esté de moda, pero serán las historias que elijamos contar las que perduren.
The Office, S. 3 Ep. 17
Nota al pie: Todo lo que leés en Reliquia Mag está escrito a mano de principio a fin, sin uso de IA.
