Agenda

Esta es la sección que más esperemos que visiten, donde proponemos recorridos artísticos y experiencias para hacer planes distintos y salir de la rutina, cambiar de ópica, generar una Deriva, sentirse un Flaneûr por la ciudad.

Archivo- El Ritual #1

En esta primera edición de Reliquia, "El Ritual" Issue #1, vas a poder degustar sabores de Japón, distintos, exóticos y a otro ritmo. Conectar con el IKIGAI, con otros procesos y tiempos de producción. Con el tiempo de la producción y distribución del Arte. No siempre más instantáneo significa mejor. Toda la profundidad de la filosofía oriental en esta primera edición.

#1 El ritual - Agenda Calle Arroyo

El codo reluciente, un paseo por Calle Arroyo

“Ecléctica, europea y algo refinada”. Situada en el barrio porteño de Retiro, la Calle Arroyo se extiende a lo largo de cuatro cuadras desde Juncal y Esmeralda hasta la Plaza Carlos Pellegrini. Antes de ser conocida por su actual nombre, se llamó “Calle de las tunas” y “Calle Pueyrredón”.

Una de sus características principales son las joyas arquitectónicas de estilo francés. Alberga emblemáticas edificaciones, como el Palacio Estrugamou, la Embajada de Brasil y la plaza recordatoria de la Embajada de Israel, en memoria a las víctimas por el atentado de 1992.

Gracias a su trazado curvo y el estilo de su entorno, el escritor Eduardo Mallea le inventó el apodo “codo aristocrático de Buenos Aires”. Además de las construcciones, lo que hace especial a esta calle es la calidad de las galerías de arte y propuestas gastronómicas que concentra.

Recorrimos Arroyo de punta a punta, para ofrecerles una guía curada de los lugares que no pueden perderse quienes deseen visitarla.

VALK gallery

VALK es una galería multidisciplinaria ubicada en la calle Esmeralda, sobre la misma manzana que el Palacio Paz. Es un espacio moderno de hormigón vidriado que llama la atención por su amplia vidriera a la calle, que exhibe el taller donde se crean piezas únicas.

Se encuentra dividida en tres zonas. La primera es la marca Cúbreme, que pertenece a la artista textil Alejandra Gotelli, a quien tuvimos el placer de conocer. La siguiente se dedica a muestras itinerantes de artistas -más que nada pintores-. Y la tercera se encuentra habitada por diseñadores gráficos. Parece una utopía similar a la pensada por la Bauhaus, donde el lenguaje del arte y del diseño conviven bajo un mismo techo.

Nos metimos a fondo en el diseño textil para saber de qué se trata Cúbreme, la propuesta sustentable de Alejandra, que parte desde el principio de la cadena de producción. Entre cuentos de ovejas, fardos de lana y estancias, la diseñadora nos explicó que su familia le enseñó desde chica que se puede hacer mucho con poco. Para que la tierra siga proveyendo, era -y sigue siendo- necesario pensar un sistema productivo sostenible y cuidar el ciclo productivo para proteger al medio ambiente.

Entre sus piezas se encuentran sweaters de lana y de fibras naturales sin teñir, que buscan persistir en el tiempo. Además, combina hilos de cobre y fieltro para la elaboración de accesorios. Sus clientes son fieles porque entienden que el valor de las prendas va más allá de lo que se ve en la superficie. Trabaja con lanas de oveja y también de guanaco. Nos contó que el guanaco es una especie autóctona, y en cambio la oveja es endémica, por lo cual existe una diferencia en producir con una o con la otra. Debido a la cría de ovejas, principalmente en la Patagonia, el guanaco, que no está domesticado, quedó desplazado. Además, al ser un animal que se esquila de pie con mayores recaudos y costos, es más difícil encontrar marcas y productores que se dediquen a ello. Hablamos sobre la importancia de encontrar un balance en la elaboración entre lo endémico y lo autóctono, para poder generar el menor impacto ambiental posible y así mantener el perfecto equilibrio.

Derivamos la conversación hacia una charla filosófica en relación a cuán conscientes somos sobre el origen de las prendas que consumimos, no sólo el lugar, sino también quién las produjo y en qué condiciones, y a dónde van a parar cuando no las necesitamos más. Nos preguntamos si puede existir un equilibrio en la especie humana, si el trabajo que realizamos es correctamente retribuido, si tiene un impacto positivo y sobre a qué dedicamos nuestro tiempo como seres, a dónde van todos nuestros recursos y cómo la forma de pensar y repensar el consumo fue cambiando a través del tiempo. Recordamos historias de la época de nuestras abuelas que, muchas veces, frente a situaciones de necesidad, podían crear una bolsa para supermercado a partir de fibras sacadas de un sachet de leche.

Cristian Botanski

Obra PERSONAS- Instalación inmersiva, Monumenta, 2010. Christian Boltanski

Nos remitimos al artista Christian Boltanski y sus obras realizadas con desechos de la industria textil, metáforas ácidas de la sociedad de consumo y el desplazamiento cultural.

El artista Francés usó 30 toneladas de ropa desechada, una grúa de 18 metros y el sonido de los latidos del corazón humano. Un gancho al final de la grúa alcanzaba la ropa colocada en ordenadas pilas alrededor del almacén. Cada prenda de vestir se iba depositando en la cima de la montaña, llevando simbólicamente las “almas” de quienes habitaban la ropa a un “lugar más alto”. De esta manera, una pieza simbolizaba a una persona, llegando a representar a unas 6.000.

Alejandra nos terminó mostrando una pequeño papiro de tela, similar al diseñado para guardar los pinceles de un artista, confeccionado con algodón de fibras naturales y cerrado con una tira de cuero color suela, donde se guardan cubiertos de bambú. Este objeto responde a una necesidad concreta que observó la artista, ya que la zona donde se encuentra VALK está rodeada de oficinistas que, cuando van a comprar sus almuerzos, salen de los locales con bandejas, bolsas y cubiertos de plástico que van a la basura en menos de una hora.

Comenzamos a debatir sobre qué tipos de políticas y de regímenes impositivos deberían tener las empresas en cuanto a los materiales de descarte, a la impresión de etiquetas full color, al exceso de plástico y la forma de distribución de la mercadería. Resaltamos la importancia del consumo local, de la preservación de las especies autóctonas, de las prácticas artesanales, de la durabilidad y el peligro de la obsolescencia programada. De cómo un país como Argentina, con tantos recursos naturales y humanos debe ser protegido.

Para finalizar, nos mostró orgullosa un sweater hecho de lana de guanaco en su color natural, un camel brillante, de un hilado tan suave como abrigado. Nos fuimos repensando nuestra forma de consumir, entendiendo que no da igual dónde uno compra y pone su dinero y que la economía es también una forma de pensar la sociedad. Que hay excedentes en la producción, toneladas de descarte y sigue existiendo pobreza, concluyendo que nuestras formas de consumo y explotación son un problema cultural y que la economía debería reordenarse desde patrones de consumo.

Pieruzzini - Galería

Pieruzzini es una galería de arte y antigüedades fundada por Fabián Pieruzzini, especialista en conservación, restauración y puesta en valor de patrimonio cultural, figura emblemática del equipo del Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco.

Guido, su hijo, quien creció entre bastidores y pinceles, nos recibió en la galería para contarnos sobre el oficio que emplean como curadores. Pieruzzini está ubicada en la calle Arroyo, en una zona que primero contaba sólo con edificios. En sus comienzos, las construcciones tenían viviendas de portería en sus plantas bajas que luego se convirtieron en locales comerciales. Las galerías empezaron a emplazarse allí durante la segunda mitad de la década de los noventa y aprovecharon los sótanos como trastienda. Hoy en día el lugar intercala gastronomía de alto nivel y espacios de arte referentes de la escena local.

Pieruzzini al principio se encontraba en el Paseo Arroyo y luego abrió local propio directamente sobre la calle. Nos llamó la atención debido al contraste presente en su vidriera entre lo clásico y lo contemporáneo. Está pintada de negro, con una prominte escalera blanca con baranda metálica, que nos remitió a una especie de living en dos alturas rodeado de arte de las más variadas épocas. El galerista se dedica al arte medieval y cuenta en su catálogo con pinturas de Old Masters y piezas de mobiliario antiguas, que conviven con arte más actual. Además del carácter de cada obra y el currículum del artista, Guido nos aseguró que para él es muy importante la técnica. También nos explicó que en la mayoría de los museos utilizan luz neutra para no alterar los colores de las obras, pero que él elige luz cálida porque le aporta al ambiente otro tipo de imagen. Con el fin de iluminar de manera más efectiva el mobiliario y las obras, llegó a fabricar lámparas de bronce a medida.

Entre los artistas notables que encontramos en la galería se encuentra el londinense Stephen Koek Koek, contemporáneo a Quinquela Martin, quien llegó a Buenos Aires y se enamoró también de la zona portuaria. Su pincelada es recargada, espontánea y su pintura está colmada de color. Con la belleza de sus obras logra resaltar la belleza de la ciudad y su identidad cultural.

Silvina Mansilla es una artista argentina que Guido mencionó con mucha estima. Nos contó que le impresiona cómo fue evolucionando su pintura y cómo fue perfeccionando su técnica a través del tiempo. Esta artista crea paisajes oníricos desde su imaginación, lugares que le gustaría conocer, donde le gustaría refugiarse. Produce desde su vivienda en el Delta de Tigre y, si bien en los cuadros no hay representaciones realistas, podemos ver algunos atisbos de flora y fauna autóctona, en tonos verde musgo, olivas, amarillos cálidos desaturados y detalles pastel.

Guido sonreía con calidez, orgulloso de compartir el oficio que lo eligió desde que estaba en la cuna y que él mismo volvió a elegir una vez adulto. Nos dio la sensación de que es una persona muy consciente de lo que conlleva un proceso artístico y de que la producción de un artista se ve interpelada por su historia de vida, que eso es lo que la hace rica. Fue muy generoso con su tiempo, nos compartió su experiencia como galerista y nos dio su perspectiva sobre la escena local del arte. Resaltamos su historia desde el reconocimiento que implica para él haber crecido entre cuadros y cultura y el disfrute que le genera trabajar codo a codo con su padre, de quien aprendió el oficio familiar.

Inmersas en una trastienda en la que convergen muebles antiguos, cofres de distintas eras de la historia, cajas con incrustes de nácar y astas de ciervo, nos sentimos como parte de un relicario. La reliquia en este caso no fueron solamente los objetos, sino el poder compartir historias con alguien que nos mostró su espacio con gentileza. No habíamos ido a comprar, no fuimos a tasar cuadros, no éramos clientes. Éramos dos desconocidas que queríamos escribir una reseña. Sólo con esos datos Guido nos abrió las puertas, tanto de su segunda casa como de su historia familiar. Esa fue la verdadera joya para nosotras. El contacto humano, los tesoros que se guardan de generación en generación, la identidad que se traspasa de padre a hijo mediante un oficio. El oficio que prima sobre la inmediatez y el reconocimiento, el trabajo silencioso que emerge con un valor insoslayable y que perdura en el mundo físico.

Galerías Paseo Arroyo

El tango habla de cambalache, nostalgia y amor. Los colores vibrantes se mezclan con el óxido de lo que alguna vez fue y que, aunque el tiempo le haga perder el brillo, sigue valiendo por su historia. Como una melodía que pedía que la siguiéramos, al fondo de la galería Paseo Arroyo encontramos nuestra canción. Alfombras, esculturas, miniaturas africanas, incas y cuadros, muchos cuadros. Así es el espacio de Marcelo Balestrini Salas, que exhibe en los locales 14 y 15 maravillas encontradas en diferentes lugares del mundo. A él no le gusta la palabra ecléctico, así que preferimos definirlo con la sensación que nos dejó: generoso. Era la primera vez que nos veíamos, nacimos en diferentes generaciones y sin embargo ninguna frontera impidió que compartiéramos una charla que parecía de amigos de toda la vida.

Frenamos a preguntar de qué estaba hecha una silla que nos había llamado la atención y terminamos hablando sobre Inteligencia Artificial, viajes y la historia del hijo fotógrafo de Rockefeller, que desapareció en Nueva Guinea, y el libro que su padre realizó en su honor.

Marcelo nos compartió anécdotas, nos contó que vivió en Sudáfrica, Brasil y Centroamérica, nos habló sobre algunos artistas y sus creaciones e incluso nos recomendó un taller de escultura. Además de galerista, es ingeniero industrial y le hace honor a su expertise para generar la puesta en escena de sus hallazgos. Tal es así que tuvo la habilidad necesaria para que dos esculturas creadas por diferentes personas encastraran a la perfección, como si hubiesen sido hechas una para la otra.

Además de valorar su ojo curatorial y escenográfico, compartimos visión a la hora de pensar qué tipo de objetos queremos llevar a nuestros hogares. Cuestionamos la moda descartable de algunos tipos de arte digital, no simplemente por una cuestión moral o estética. En palabras de Marcelo, los animalitos que se reproducen en ese tipo de cuadros son muy lindos, pero, ¿a qué le estamos dando valor cuando compramos arte?, ¿queremos tener la misma pared que nuestro vecino o una pieza con alma, que haya sido creada con sabiduría y pasión? Nosotras, sin dudas, nos quedamos con el cambalache, la nostalgia y el amor.

Fundación OSDE

Fundación OSDE se creó a fines de 1991, con el objetivo de apoyar y generar iniciativas en los campos de la salud, la sociedad, la cultura y el arte para ampliar y fortalecer el compromiso con la comunidad en todo el país. Desde su nacimiento hasta la actualidad, fue incorporando temáticas relacionadas con la innovación y la sustentabilidad, en sintonía con los intereses y las necesidades que surgieron en la sociedad para generar un espacio de información y reflexión.

Visitamos la exposición “Elogio de la imaginación” (del 28 de mayo al 29 de agosto de 2026), una propuesta de Laura Spivak junto a los artistas COTELITO, Juliana Iriart y Daniel Roldán, que exploró las posibilidades de la imaginación y la creación para proyectar una alternativa más constructiva y amorosa, tanto con el planeta como con las personas que lo habitan, para el mundo que nos espera.

Si bien la muestra ya terminó, les compartimos imágenes y el texto que preparó la curadora, que nos dejó pensando qué clase de lugar queremos dejarle a las personas que vendrán cuando nosotros ya no estemos, qué espacio le damos al juego y cómo podemos modificar la realidad.

Texto curatorial de Laura Spivak

Hace unos años, la BBC preguntó a los niños británicos si preferían la televisión o la radio. Casi todos se pronunciaron por la televisión, lo que fue algo así como comprobar que los gatos maúllan o que los muertos no respiran. Pero entre los poquitos niños que eligieron la radio, hubo uno que explicó: -Me gusta más la radio, porque por radio veo paisajes más lindos. -Eduardo Galeano

¿Cómo cambiar el mundo si no podemos siquiera imaginarlo? Formamos parte de una maquinaria que no se detiene. La velocidad de los acontecimientos y las demandas cotidianas nublan nuestra capacidad de reacción. Respondemos a los problemas, cada vez más críticos y complejos, con viejos esquemas y artilugios. En un contexto de constante saturación de imágenes, de información, de dispositivos e inteligencias artificiales, de consumo, de inmediatez, ¿qué lugar ocupa la imaginación?

En su capacidad de crear imágenes, ideas y conceptos, la imaginación no solo nos ofrece la posibilidad de transportarnos a mundos fantásticos y desconocidos, sino que también es una herramienta indispensable para modificar la realidad. Es una fuerza poderosa y transformadora, fundamental para el desarrollo de las personas y las sociedades. Una fuente de creatividad e inspiración esencial para definir nuestra experiencia en el mundo.

En este sentido, el arte y el juego son el espacio ideal para potenciarla porque habilitan la inventiva, el descubrimiento, la belleza, la transgresión. Un espacio donde reconocer deseos, fantasías, intuiciones. Donde encontrarse con otros para desarrollar recursos propios y colectivos que puedan ampliar y fomentar la capacidad para modificar el curso de las cosas, incluso de aquellas que parecen inapelables.

Considerando esto, me pregunto: ¿qué espacio para imaginar se les ofrece a las infancias de hoy? Pienso en los niños y las niñas y en el mundo que les toca y tocará vivir. Y en las herramientas con las que van a contar para poder enfrentarlo con creatividad y con libertad. Invité a Juliana, Daniel y Cotelito para indagar sobre el lugar que ocupan el juego y la imaginación en nuestras trayectorias personales y profesionales, en nuestro accionar, en nuestra mirada sobre el mundo y en cuánto de nuestra infancia hay en los adultos que somos.

Esta exposición, en la que los artistas despliegan sus imaginarios y comparten nuevas y diversas realidades, es un llamado de atención sobre la fragilidad de la imaginación y sobre lo imprescindible que resulta protegerla y cultivarla. Porque la imaginación es poder, e imaginar es un derecho. El derecho a encontrar más y mejores herramientas para la vida, a no conformarse con lo dado, a proponer cambios, a ponerse en el lugar del otro, a modificar la realidad. Para resistir. Para cambiar el mundo.

Se hizo fama de aristocrática, refinada, parisina y distante, ícono europeo de Buenos Aires. Más allá de los clichés, para nosotras Calle Arroyo es mucho más que todo eso. Es el recuerdo de que lo antiguo puede brillar por el valor que le dan las personas. Es el espacio que alberga talento, generaciones guardianas de lo que un país rico no sólo en recursos sino también en capacidad de ingenio alguna vez creó. Es el símbolo que se eleva sobre gloria, identidad y preservación. Son las joyas que se sostienen gracias a la generosidad de aquellos que comparten, cuidan y transmiten. Arroyo es el codo reluciente de nuestra ciudad.

Nota al pie: Todo lo que leés en Reliquia Mag está escrito a mano de principio a fin, sin uso de IA.